SER ROCIERO


 Al entrar en la ermita, me pregunte ¿Qué es ser rociero, madre?, ¿todos los que disfrutan de estas benditas arenas se pueden considerar rocieros?
No es más rociero el que se viste de viste de corto, con sombrero de ala ancha y zahones; no es más rociero aquel que monta a caballo y presume de casa en la aldea; no es más rociero el que asiste cada año a la Romería y se quiebra la voz cantando sevillanas; no es más rociero el que la tiene cerca y ni siquiera el que se mete debajo del paso ese Lunes por el Real...
Ser rociero es mucho más que eso. Ser rociero es toda una forma de ser y significa querer a la Blanca Paloma como a una madre; amar a todos sus hermanos como a él mismo; tender la mano a los más necesitados sin esperar nada a cambio; compartir sus bienes y alegrarse de los logros ajenos; reconducir a quienes se hayan salido del buen camino...
Ser rociero es un ideal de vida que dura todo el año. El rociero no es sólo el que llega a El Rocío para ver a la Virgen, sino el que llega a todos los corazones por su bondad y solidaridad.
Ahora que la Romería ha finalizado es el mejor momento para demostrar nuestra condición de rocieros: en nuestra familia, en nuestra reunión de amigos, en nuestros quehaceres diarios...